La muerte de Arnulfo Lozano Quintero en el corregimiento El Llanito, Barrancabermeja, dio un giro tras hallarse orificios sospechosos en su cuerpo durante la inspección del cadáver. La víctima chocó en moto contra un tubo de Ecopetrol junto a una mujer que sobrevivió. Medicina Legal indaga.
La noche del sábado 16 de mayo comenzó con el reporte de una aparente emergencia vial en la zona rural de Barrancabermeja, pero con el paso de las horas la situación dio un vuelco absoluto. Lo que en primera instancia ingresó a los registros oficiales como un siniestro de tránsito en el corregimiento El Llanito se transformó en una compleja investigación judicial, luego de que los peritos forenses detectaran heridas que no corresponden a la dinámica de una simple colisión.
Las alarmas entre las autoridades locales se encendieron exactamente a las 8:48 de la noche de la mencionada jornada sabatina. Un reporte ciudadano alertaba sobre un fuerte impacto en un sector del corregimiento El Llanito. De acuerdo con los datos recolectados de manera preliminar, un ciudadano identificado como Arnulfo Lozano Quintero transitaba por la zona a bordo de una motocicleta que portaba las placas de identificación RJT03C. En el mismo vehículo de dos ruedas viajaba una mujer en calidad de acompañante.
En el sitio del percance, la motocicleta terminó colisionando de manera frontal contra una estructura de tubería perteneciente a la empresa estatal Ecopetrol. Al arribar las unidades de control vial de Barrancabermeja, el escenario sugería inicialmente las consecuencias de un accidente de tránsito ordinario en condiciones nocturnas. Sin embargo, el panorama cambió de manera radical durante el desarrollo de las diligencias judiciales y los actos urgentes.
Al momento de ejecutar la rigurosa inspección técnica al cadáver, los agentes de tránsito encargados del procedimiento observaron múltiples anomalías en la superficie corporal del fallecido. Específicamente, el reporte oficial del levantamiento consignó el hallazgo de varios orificios y laceraciones sospechosas distribuidas en la humanidad de Arnulfo Lozano Quintero, características morfológicas que no concordaban de forma directa con los traumatismos típicos generados por un choque contra un objeto fijo de metal.
Ante el hallazgo de estas heridas dudosas, las autoridades de tránsito suspendieron la tipificación inicial del caso y solicitaron de manera inmediata el apoyo e intervención de las unidades de la Seccional de Investigación Criminal (Sijín) de la Policía Nacional. El cuerpo técnico especializado asumió la recopilación del material probatorio para verificar mediante análisis balísticos y forenses si dichos orificios corresponden en realidad a impactos provocados por proyectiles de arma de fuego, lo que sustentaría la hipótesis de que la colisión contra la infraestructura petrolera fue el resultado de un atentado sicarial previo en contra de las víctimas.
Por su parte, la mujer que viajaba como parrillera y acompañaba a Arnulfo Lozano Quintero sobrevivió al impacto inicial, aunque con lesiones de consideración. Tras ser estabilizada por los servicios de emergencia en el lugar de los hechos, fue evacuada con urgencia y trasladada hacia las instalaciones de la Clínica Reina Lucía en el casco urbano de Barrancabermeja, centro asistencial donde permanece bajo estricta observación del personal médico de turno.
El caso se encuentra actualmente bajo reserva y en etapa de indagación por parte de las autoridades competentes, quienes avanzan en las labores de campo para esclarecer la verdad de lo acontecido en la vía rural. La determinación definitiva sobre si el deceso de Arnulfo Lozano Quintero obedeció a las consecuencias físicas del choque contra la tubería o si se trató de un homicidio bajo la modalidad de sicariato dependerá del dictamen científico oficial que emita el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses tras la correspondiente necropsia.
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