El barrio La Concordia fue escenario de un violento enfrentamiento a cuchillo entre una pareja, provocado por una disputa sobre el presunto hurto de un teléfono celular. La mujer, quien hirió al hombre en el abdomen y causó daños considerables a la motocicleta de este, fue capturada por la Policía
El panorama en la carrera 18 con calle 48 del barrio La Concordia en Bucaramanga cambió drásticamente hacia el mediodía, cuando lo que comenzó como un altercado verbal entre una pareja terminó convirtiéndose en una escena propia de una batalla campal a plena vista de decenas de transeúntes. Según los testigos presenciales que se encontraban en el lugar, la confrontación no fue un evento súbito, sino la culminación de una serie de reclamos que el hombre, vestido con camisa blanca, jean negro y tenis claros, le dirigía a su acompañante, una mujer que lucía blusa negra y sandalias.
El punto central de la disputa, de acuerdo con la información recaudada por quienes observaron el inicio del altercado, giraba en torno a una acusación directa: él le exigía explicaciones sobre la desaparición de un teléfono celular, el cual, según el hombre, había sido hurtado a un miembro de su familia.
La situación perdió todo control cuando, tras los gritos iniciales, ambos individuos sacaron armas blancas. El registro fílmico, captado por varios ciudadanos desde sus teléfonos móviles, permite observar cómo el hombre, quien en ningún momento se despojó del casco de motociclista que protegía su cabeza, comenzó a intercambiar estocadas con la mujer. En un movimiento rápido, ella logró superar la guardia de su contrincante y le propinó una herida contundente en uno de los costados del abdomen. El impacto de la lesión fue inmediato: el hombre retrocedió, visiblemente afectado, y se detuvo sobre el pavimento para verificar la magnitud del corte, momento en el cual el enfrentamiento se pausó brevemente, pero no terminó.
Aprovechando que el hombre se encontraba en un estado de vulnerabilidad física, la mujer cambió su objetivo y enfocó su agresividad hacia la motocicleta que había quedado tendida sobre la vía. El vehículo, que hasta ese momento era solo un objeto más en la escena, se convirtió en blanco de una destrucción metódica.
Con la misma arma blanca que había usado momentos antes, la mujer procedió a perforar el cojín del asiento y a rajar las llantas de la moto. No satisfecha con el daño estructural, tomó una silla metálica de un establecimiento comercial cercano y, con una fuerza inusitada, comenzó a golpear repetidamente las partes plásticas y metálicas del vehículo.
Al ver cómo su medio de transporte era destrozado, el hombre —a pesar de la herida que sangraba en su costado— se quitó el casco y se abalanzó contra ella, iniciando un segundo asalto mucho más caótico. El casco fue utilizado ahora como un elemento de contundencia para golpear a la mujer, quien, al verse acorralada, usó la misma silla que antes había servido para destruir la moto como un escudo y, simultáneamente, como una extensión de sus ataques.
El forcejeo fue tal que ambos terminaron rodando por el suelo, intercambiando puños y patadas en medio de la calle, hasta que la intervención de un grupo de comerciantes y transeúntes, que decidieron poner fin a la riña, logró separar a los dos involucrados.
Tras la llegada de las patrullas del cuadrante, el procedimiento policial se dividió en dos frentes. Por un lado, el hombre fue trasladado en un taxi hacia la sala de urgencias de un centro médico cercano, donde el cuerpo asistencial logró tratar la lesión abdominal. Al ser abordado por los uniformados, el hombre manifestó de manera explícita que no deseaba iniciar ninguna acción legal ni instaurar una denuncia formal contra la mujer por las lesiones que esta le había causado.
Sin embargo, este desistimiento no fue óbice para que el procedimiento continuara por el delito inicial que causó la tragedia. El dueño del celular sustraído, quien se hizo presente en la escena, ratificó su deseo de proceder penalmente por el hurto. En consecuencia, la Policía procedió con la captura de la mujer, quien fue conducida a la estación para ser puesta a disposición de la Fiscalía General de la Nación, mientras que el celular, que fue recuperado durante la intervención policial, servirá como pieza clave de convicción en el proceso que se abrirá en su contra.
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