Las autoridades judiciales volcaron la investigación sobre la muerte de José Eleuterio Bohórquez Torres hacia un probable homicidio con incitación deliberada de fuego en Piedecuesta. La inspección técnica determinó que la víctima registraba un trauma craneoencefálico no ocasionado por la conflagración
Lo que inicialmente fue atendidó por el Cuerpo Oficial de Bomberos como una conflagración estructural en el barrio Villa Josefina de Piedecuesta se ha transformado en un complejo y grave expediente judicial. La muerte de José Eleuterio Bohórquez Torres, de 32 años, conocido entre la comunidad y sus allegados como ‘Málaga’, ya no se investiga bajo la premisa de un trágico accidente doméstico o un fallo eléctrico, sino como un potencial acto criminal minuciosamente planeado para encubrir un ataque directo.
El siniestro se reportó exactamente a las 12:41 del mediodía del martes 21 de julio de 2026 en las instalaciones de la Ferretería Monsalve. A la llegada de los vehículos de socorro, las llamas habían devorado la totalidad de la estructura del establecimiento comercial. Tras sofocar el fuego y penetrar en el recinto entre escombros e incandescencia, las unidades de socorro descubrieron el cuerpo sin vida de Bohórquez Torres, quien se desempeñaba como trabajador de oficios varios dentro del local y era la única persona presente al momento en que inició la emergencia.
Las primeras anomalías afloraron durante la inspección técnica al cadáver y la recolección inicial de evidencias en la escena del crimen. A pesar de que la víctima presentaba quemaduras de primer, segundo y tercer grado en diversas áreas del cuerpo, la masa corporal no resultó completamente calcinada, lo que permitió a los peritos judiciales identificar una lesión determinante: un severo trauma craneoencefálico con hematoma de origen no explicado por el efecto del fuego. La posición física del cadáver —tendido entre el mostrador principal y el pasillo de salida— sugiere que el trabajador habría intentado huir del recargo de las llamas o que fue atacado y abandonado en la trayectoria de evacuación, imposibilitado físicamente para ponerse a salvo.
Un investigador cercano al caso confirmó que las evaluaciones preliminares descartan de plano las causas fortuitas habituales en este tipo de siniestros. En la escena no se hallaron rastros de sobrecargas de red, cortocircuitos ni fallas mecánicas en electrodomésticos o herramientas. Ante la contundencia de estos hallazgos, la Fiscalía General de la Nación ordenó que la indagación fuera asumida de inmediato por el Grupo de Explosivos, Incendios y Manejo de Incidentes NBQ del Cuerpo Técnico de Investigación (CTI), una unidad de alta especialización encargada de rastrear acelerantes químicos y establecer la naturaleza provocada de incendios.
A la hipótesis del ataque previo se suman los alarmantes testimonios recolectados entre los residentes del barrio Villa Josefina. Múltiples vecinos aseguraron haber escuchado detonaciones similares a disparos de arma de fuego instantes antes de que se produjera un estruendo de gran magnitud que sacudió las estructuras de las viviendas aledañas. Acto seguido, los testigos reportaron la huida de sujetos encapuchados que se desplazaban a bordo de una motocicleta de alto cilindraje y el avistamiento previo de personas sospechosas merodeando la ferretería.
El hecho se registra en medio de una preocupante escalada de violencia en el municipio de Piedecuesta, donde entre el viernes 17 y el lunes festivo 20 de julio de 2026 se perpetraron cuatro homicidios bajo la modalidad de sicariato. Mientras la familia de José Eleuterio Bohórquez Torres permanece a las afueras de la sede del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses en Bucaramanga exigiendo un dictamen oficial, el CTI analiza las cámaras de seguridad del sector para confirmar si las llamas fueron encendidas con el propósito deliberado de borrar las huellas de un asesinato.
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