El precandidato presidencial Abelardo de la Espriella oficializó su decisión de marginarse de la consulta interpartidista que sectores del Centro Democrático plantean para marzo de 2026. La postura, expuesta en una carta dirigida a Álvaro Uribe y difundida públicamente, profundizó la fractura estratégica dentro de la oposición y abrió un nuevo capítulo en la disputa por definir el liderazgo de la derecha rumbo a la primera vuelta presidencial.
La controversia en el interior de la derecha colombiana volvió a escalar tras la publicación de la carta con la que Abelardo de la Espriella notificó a Álvaro Uribe su negativa a participar en la consulta de marzo de 2026. Aunque el abogado había dejado entrever su decisión el día anterior, el documento hizo explícitos los argumentos que, según él, justifican apartarse del mecanismo de selección que promueve el uribismo.
De la Espriella insistió en que su ruptura no obedece a diferencias programáticas con el expresidente, sino a lo que considera un choque entre su estrategia política y las dinámicas internas de los partidos. Asegura que su aspiración se sostiene en un respaldo ciudadano expresado en los 4,6 millones de firmas que entregó esta semana a la Registraduría, cifra que —subraya— constituye un mandato que no puede subordinarse a “egos políticos” ni a estructuras tradicionales.
En la misiva plantea que someterse a la consulta equivaldría a diluir la fuerza orgánica de su movimiento “Defensores de la Patria”, un proyecto que, según relata, se consolidó antes de que él mismo anunciara su aspiración. Asegura que desde hace más de un año sus seguidores construyeron una red nacional de apoyo a través de chats de WhatsApp y grupos de opinión digital que crecieron sin recursos públicos ni financiamiento partidista.
El precandidato afirma que la consulta también implicaría incoherencia, dado que él mismo ha criticado el uso de recursos estatales para financiar ese tipo de mecanismos. En la carta señala que el país “no está para gastos innecesarios” y que la oposición debería encontrar métodos más austeros y representativos para escoger un liderazgo común.
Uno de los puntos más llamativos del documento es la propuesta que reiteró —y que ya había socializado previamente—: realizar una gran encuesta el 10 de diciembre para escoger un candidato único. Sin embargo, sostiene que esta alternativa fue descartada tanto por sectores del uribismo como por otras fuerzas opositoras, que incluso vetaron su nombre para la consulta. Por esa razón advierte que, de no lograrse un acuerdo de unidad, su campaña avanzará directamente hacia la primera vuelta.
Pese a su distanciamiento, el tono de la carta hacia Uribe fue respetuoso. De la Espriella lo calificó como un referente moral y político cuya influencia valora, pero recalcó que la discrepancia entre ambos “es de forma y no de fondo”. Enfatiza que él y el expresidente comparten principios, pero que la democracia permite y exige divergencias.
Mientras tanto, dentro del Centro Democrático persiste la presión por mantener en firme la consulta de marzo. Las senadoras María Fernanda Cabal, Paloma Valencia y Paola Holguín continúan respaldando esa ruta y se preparan para medirse en el mecanismo interpartidista impulsado por Uribe. La reciente entrada de Juan Carlos Pinzón a la contienda añadió un nuevo matiz a la competencia, en medio de un ambiente opositor cada vez más fragmentado.
De la Espriella, por su parte, ha intensificado sus llamados a la unidad, pero en términos distintos a los planteados por el uribismo. Sostiene que su único adversario político real es el proyecto del presidente Gustavo Petro y, en particular, la figura del senador Iván Cepeda, a quien identifica como el sucesor ideológico del actual Gobierno. Reitera que no contempla confrontaciones internas dentro de la oposición y que su lucha se enfocará exclusivamente en derrotar al petrismo.
La decisión del abogado añadió tensión a un panorama ya complejo, pues obliga a la oposición a redefinir su estrategia de cara a 2026 y a evaluar si la consulta será un mecanismo de cohesión o un factor adicional de división.
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