Catalina Giraldo Silva murió rodeada de su familia después de una larga batalla judicial. Catalina Giraldo Silva dejó un mensaje contundente a los magistrados: su lucha busca que el sistema de salud reglamente la muerte asistida y respete el proceso de quienes sufren enfermedades incurables.
El pasado 9 de julio de 2026, Bogotá fue escenario del desenlace de una batalla jurídica y personal sin precedentes: la muerte de la psicóloga Catalina Giraldo Silva, quien accedió a la eutanasia tras un agotador periplo de diez meses marcado por las negativas del sistema de salud ante su solicitud original de muerte médicamente asistido. Este caso, que ha conmocionado a la opinión pública, se consolidó como el primero en desafiar formalmente las estructuras del sistema de salud colombiano para implementar dicha modalidad de muerte digna, la cual, a pesar de haber sido despenalizada por la Corte Constitucional en mayo de 2022, carece aún de un marco normativo y operativo que garantice su aplicación efectiva.
El padecimiento de Catalina Giraldo Silva fue complejo y persistente, resistiéndose a cualquier intervención médica convencional. Durante su lucha, fue sometida a más de 40 esquemas farmacológicos, nueve internaciones psiquiátricas y tres ciclos de terapia electroconvulsiva, tratamientos que no lograron mitigar el sufrimiento derivado de sus diagnósticos de trastorno depresivo mayor, trastorno límite de la personalidad y trastorno de ansiedad no especificado. Ante la parálisis institucional, ilustrada por la respuesta de la EPS Sanitas, que en noviembre de 2025 alegó la ausencia de condiciones para ejecutar el procedimiento, Catalina Giraldo Silva se vio forzada a renunciar a su convicción original. La joven había buscado el suicidio asistido por considerarlo una vía que honraba su autonomía, pero el desgaste físico y emocional tras sus últimas hospitalizaciones, donde sufrió restricciones físicas y vigilancia constante, la llevaron a solicitar la eutanasia como una alternativa para recuperar su dignidad.
"No siento que me esté rindiendo. Siento que estoy entregando un poco la responsabilidad a otros", declaró Catalina Giraldo Silva en una de sus últimas entrevistas con Noticias Caracol, enfatizando que su decisión, lejos de ser un acto impulsivo, se convirtió en un proceso acompañado con amor por su madre, Ángela Silva, y su hermana, Paola. En los momentos previos a su fallecimiento, ocurrido en un entorno rodeada de afecto, música y la compañía de su perro Lulo, la psicóloga manifestó una paz que le había sido esquiva por años. Su mensaje final fue un llamado directo a la Corte Constitucional: instó a los magistrados a no cerrar el caso con su muerte, sino a aprovecharlo como un catalizador para reglamentar la asistencia médica al suicidio, advirtiendo que, de lo contrario, el Estado seguiría siendo testigo de una realidad donde el sufrimiento empuja a los ciudadanos a suicidios solitarios y traumáticos.
Desde el Laboratorio de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, DescLab, se denunció que la inacción estatal forzó a la víctima a optar por la eutanasia cuando su verdadera pretensión era la muerte asistida, un derecho que aún permanece inalcanzable para muchos pacientes. Mientras la batalla judicial prosigue para llenar los vacíos legales existentes, la figura de Catalina Giraldo Silva ha quedado grabada como un símbolo de resistencia. Ella misma, consciente de su legado, describió su camino no como un cierre, sino como una apertura: "Espero y deseo que entiendan que mi legado es permitirnos entender la muerte desde un lugar diferente". Con la blusa rosada que portaba la leyenda "C’est la vie", Catalina Giraldo Silva cerró su capítulo, dejando la semilla de un debate ético y político que, inevitablemente, exigirá definiciones claras por parte de las autoridades judiciales del país.
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