Por las laderas que abrazan Bucaramanga, en las zonas húmedas donde el bosque aún respira entre neblinas y en la escarpa que se levanta como un muro protector que sostiene la ciudad, un grupo de funcionarios y uniformados avanza antes de que salga el sol. Caminan en silencio, con botas hundidas en el barro y los ojos atentos a cualquier señal de afectación. Aunque a veces los acompañan soldados o policías, sus armas son otras: cámaras fotográficas, mapas, actas, mediciones, registros satelitales y una convicción que sostiene cada paso. Saben que la defensa del territorio empieza por recuperar lo que es de todos: los predios de conservación y las áreas de reserva que garantizan la seguridad hídrica y la estabilidad ambiental del área metropolitana.
Esta es una historia que no se cuenta desde los escritorios, sino desde el terreno; hecha de madrugadas, de caminatas exigentes, de tensión frente a invasores que se apropian de lo ajeno, y también de la esperanza que dejan los suelos restaurados y los árboles jóvenes que vuelven a ocupar su lugar.

La lucha de CDMB por recuperar lo que es de todos
En medio de ese esfuerzo permanente, en lo que va de 2025 la Corporación Autónoma Regional para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga, CDMB, ha ejecutado 32 operativos interinstitucionales en áreas de reserva natural o áreas protegidas, recuperando 12 predios afectados por invasiones, afectaciones ambientales o minería ilegal. En paralelo, el Grupo Élite Ambiental para la Sostenibilidad (GEA) ha adelantado más de 115 operativos adicionales relacionados con control, protección y vigilancia de recursos naturales. Ambos frentes se conectan y fortalecen: mientras Predios Institucionales asegura jurídicamente el territorio, el GEA aborda los delitos ambientales que deterioran los ecosistemas.
Cada operativo tiene su propia historia. A veces se trata de predios cercados con malla improvisada durante la noche; otras, de construcciones ilegales levantadas sobre zonas de preservación. También están los casos donde la tierra ha sido removida por retroexcavadoras clandestinas o donde los árboles han sido talados para expandir ocupaciones. La escena es casi siempre la misma: funcionarios de la CDMB, acompañados por Policía Nacional, Ejército o la Alcaldía de Bucaramanga, ingresando a zonas donde la ciudad parece olvidarse, pero donde el medio ambiente está más vivo que nunca.
El coordinador de Predios Institucionales, Giovanny Alberto Rondón, lo explica con claridad al entregar el balance de lo que va corrido del año: “Nuestro compromiso es garantizar la seguridad hídrica y la integridad de los ecosistemas. Estos resultados reflejan el trabajo coordinado con las autoridades y el esfuerzo de nuestros equipos en campo, seguiremos trabajando articuladamente para proteger nuestro patrimonio ambiental.” Es una frase que condensa lo que se vive en el territorio: un compromiso persistente, una lucha que no da tregua.

No es solo un delito, es un daño irreparable
Las invasiones en zonas de protección no solo representan una amenaza legal, sino ecológica. En muchos de los predios recuperados, la CDMB ha encontrado afectaciones en la cobertura vegetal, compactación del suelo, drenajes alterados y vertimientos clandestinos. Los daños a veces parecen pequeños a simple vista, pero tienen efectos acumulativos que destruyen la capacidad del bosque para regular el agua y sostener la biodiversidad. Por eso, cada recuperación se convierte en un acto de reparación ambiental.
Una vez se libera un predio, las cuadrillas de la CDMB entran en acción. Las labores incluyen poda de vegetación, rocería, instalación de mallas nuevas, reparación de cerramientos y limpieza de residuos. “Son medidas que buscan evitar la reocupación ilegal, reducir el riesgo de incendios forestales y de basureros clandestinos”, reporta la entidad en su balance. Pero no todo termina allí: también se adelantan procesos de restauración ecológica, con siembra de especies nativas, monitoreo del suelo recuperado y protección de fuentes hídricas intervenidas. La restauración, como siempre, es más lenta que la destrucción; pero avanza, árbol por árbol.
La frontera invisible entre la ciudad y la naturaleza
Al mismo tiempo, la otra cara de los operativos —la que lidera el Grupo Élite Ambiental— enfrenta presiones muy complejas. “En lo corrido del 2025 hemos adelantado 115 operativos y alrededor de 75 medidas preventivas”, relata Lina Astrid Varón García, profesional universitaria del GEA. Su testimonio refleja la magnitud del trabajo que realizan. “Verificamos intervenciones que puedan poner en riesgo los recursos naturales, en cumplimiento de la Ley 99 y del marco legal ambiental vigente”, añade.
Los datos revelan la dimensión de la problemática: 18 operativos de ruido en el área metropolitana; 20 operativos contra minería ilegal, que han dejado 92 capturas por parte de la Policía Nacional; 13 intervenciones por vertimientos de aguas residuales; 10 controles de fauna silvestre con 11 capturas por tráfico de especies; 52 inspecciones relacionadas con el suelo, movimientos de tierra o disposición de RCD en sitios no autorizados. Además, 17 decomisos de madera y 3 de carbón, así como el rescate de más de 2.134 animales silvestres.
Cada uno de estos números es una historia. La tortuga que alguien mantenía en una caja; el búho herido encontrado durante un patrullaje; el zorro que logró regresar a su hábitat; la retroexcavadora encontrada en la escarpa; el ruido insoportable de una discoteca que afectaba a un barrio entero; el vertimiento que amenazaba una quebrada de la que dependen cientos de familias. Son historias que no suelen aparecer en los titulares, pero que determinan la salud ambiental de toda la ciudad.
Varón insiste en que la labor no es solo de control. “Estas labores no solo representan control, sino también educación y acompañamiento a la comunidad en la gestión responsable de los recursos naturales.” Su mensaje, más que administrativo, es humano. Habla de la necesidad de que la gente recuerde que la ley existe para garantizar equilibrio, que los recursos no son infinitos, que la minería ilegal destruye no solo la tierra sino el agua, y que cuidar el territorio es proteger la vida de las mismas comunidades. “Invitamos a que no continúen realizando este tipo de intervenciones —dice— y a que trabajemos de la mano con la autoridad ambiental.”

Un compromiso institucional que no se detiene
Entre tanto, el director general de la CDMB, Juan Carlos Reyes Nova, resume este esfuerzo en una frase que se ha vuelto recurrente: “Con estos resultados, la CDMB reafirma su misión institucional de velar por la conservación, recuperación y manejo sostenible de los ecosistemas estratégicos de la región. Porque cuidar el ambiente es tarea de todos y compromiso de siempre.” Es un mensaje que busca recordarle a la ciudadanía que el ambiente no se defiende solo desde las instituciones, sino desde la conciencia colectiva.
A medida que los días avanzan, los equipos siguen recorriendo los predios recuperados para garantizar que no haya reocupación. Las semillas sembradas empiezan a brotar. La erosión disminuye. Los cauces vuelven a su curso natural. Los cerros, silenciosamente, agradecen.
En el fondo, esta es la historia de un territorio que se resiste a ser destruido y de una institución que respira, actúa y se moviliza para defenderlo. No siempre hay aplausos. A veces solo queda el cansancio del final de la jornada o la frustración de ver un predio nuevamente invadido. Pero siempre vuelve la convicción: mientras haya un bosque por salvar, un nacimiento de agua por proteger o un predio que recuperar, la CDMB seguirá ahí. Y eso, en un mundo donde la naturaleza se agota, es un acto de enorme valentía.
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